lunes, 19 de octubre de 2009

ATRAPAR EL TIEMPO

Al escritor se le plantea la tarea de expresar el tiempo en su relato. No puede contar sin que aquello que sucede en su historia esté situado en un momento del devenir, la acción, la vida de sus personajes debe estar invariablemente sujeta a esa magnitud temporal.

Magníficos creadores de ficciones nos aletargan con un pausado y aburrido transcurso de la historia. El ritmo de una creación debe ser el adecuado, para cada escena hay un transcurrir determinado.

En el caso de que nuestro autor nos recargue sus textos con inacabables descripciones; el vaso, el agua, la mesilla, la lamparilla, el libro, la crema de manos, la medicina, el frasco,... ya no nos interesa qué ha ocurrido con el enfermo, me da igual que haya muerto o si permanece agonizando durante días.

La diferencia está en el tiempo, un segundo se hace eterno cuando el escritor no ha sabido encontrar el tempo, el ritmo de su historia, lo demás es el entorno, la creación, la magia, la fantasía.

Veamos pues si el escribiente tiene razón, pues todo varía si yo he vivido un segundo, una hora, un día o una eternidad.

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