domingo, 14 de febrero de 2010

CELEBRAR EL AMOR

Hoy es el día de San Valentín, pero además estamos en Carnaval. Una curiosa coincidencia si pensamos que el amor también puede disfrazarse. Por ejemplo, a nuestro enamorado lo transformamos en villano cada vez que nos atenazan los celos, o caemos en la tentación de convertir en príncipe lo que se nos aparece como un desagradable sapo. También convertimos en lobo a caperucita, porque buscamos un amante feroz donde encontramos un corderito.
Somos caprichosos en el amor y en el disfraz, en ocasiones vivimos como panteras y, en realidad, nos disfrazamos de ositos de peluche. También podemos deambular por la realidad como ovejitas sin pastor y disfrazarnos de hombre lobo.
Tal vez la vida consista en buscar nuestra verdadera identidad tanto en el Carnaval, como en el amor.!Feliz San Valentín!
Como la poesía y los poetas son los que dicen la verdad.Aquí está mi regalo.

La forma de querer tú...

La forma de querer tú
es dejarme que te quiera.
El sí con que te me rindes
es el silencio. Tus besos
son ofrecerme los labios
para que los bese yo.
Jamás palabras, abrazos,
me dirán que tú existías,
que me quisiste: Jamás.
Me lo dicen hojas blancas,
mapas, augurios, teléfonos;
tú, no.
Y estoy abrazado a ti
sin preguntarte, de miedo
a que no sea verdad
que tú vives y me quieres.
Y estoy abrazado a ti
sin mirar y sin tocarte.
No vaya a ser que descubra
con preguntas, con caricias,
esa soledad inmensa
de quererte sólo yo.

PEDRO SALINAS

viernes, 1 de enero de 2010

LA ILUSIÓN DE UNA NUEVA OPORTUNIDAD

Anoche comenzamos una nueva etapa. De repente nos encontramos con todo un año por delante, según parece trescientos sesenta y cinco días vacíos de contenido. Por supuesto los vamos a llenar de buenos propósitos, acciones saludables, actos amorosos y dádivas al placer. En realidad esos momentos aún por llegar no están hueros, ni siquiera existen. No sabemos si pasaremos del minuto treinta y cinco del vigésimo segundo día, pero aquí estamos, saltando como canguros, festejando una vida que a lo peor no viviremos, sin importarnos lo pasado ya nos instalamos en el futuro.
Para mí también la Nochevieja supone felicidad y jolgorio, aunque yo no creo que mi devenir esté marcado por los minutos y las horas, menos por los años. Hay instantes en los que me parece haber vivido cien años y , sin embargo, en los segundos álgidos me parece tener cinco.
Pues bien, felices instantes en el próximo año, que todos llenemos el presente de magníficos detalles, insignificantes placeres que colmen nuestra memoria por los siglos de los siglos.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Los pequeños detalles

Todos los días hay grandes y pequeños acontecimientos en mi vida, pero siempre estoy atento a los primeros y ,sin embargo, a veces desatiendo los segundos. Es verdad que las grandes sensaciones van acompañadas de pasión, frenesí y enormes alegrías. Los primeros y segundos amores, los nacimientos, los cumpleaños, los éxitos laborales, las Nocheviejas, los reencuentros.Todos ellos se transforman en momentos para recordar, los fotografiamos, los escribimos, los contamos, los recreamos una y mil veces en nuestra memoria.
Y todo esto nos resulta gratificante, pero entonces la existencia, el paseo por este mundo se reduce a muy poco tiempo de felicidad, y el resto del tiempo ¿qué sentimos?, lo demás entre recuerdo y recuerdo ¿dónde está? Es que acaso no hay emociones, acontecimientos, sensaciones durante estos intermedios.
Sí las hay, porque mi devenir diario me depara momentos hermosos que, en ocasiones, sólo valoro cuando los pierdo.Todas las mañanas alguien me dedica una sonrisa cálida y afectuosa. Un rayo de sol entre las nubes, ese calor amable que anhelamos después de una mañana lluviosa, que disfrutamos durante un segundo, que nos reconforta de la humedad y nos devuelve la esperanza y la certeza de momentos mejores.

Quizás esos pequeños detalles no se celebren con fiestas y boato, pero son los que llenan la vida de sentido, de autenticidad. Son los instantes imprescindibles para saber que otro ser humano te quiere, se preocupa por ti y te da ánimos para continuar. Por ello hay que agradecerlos siempre con un beso.

El desenlace de Laboratorio 1

Desde que me había incorporado noté que las paredes del armario se encogían, la sensación de agobio, de asfixia, penetraba en mi cuerpo desde mi dedo meñique, ascendía por mi brazo, en el codo se transformaba en una corriente eléctrica que seguía subiendo hasta mi hombro ,donde en una explosión ardiente se apoderaba de todo mis ser.
Aparecí en la sala del pirata, donde se decía que había vivido el antiguo morador del edificio, oía los angustiosos aullidos de terror, pero no me producían emoción alguna. Alcancé a distinguir las siluetas de mis compañeras. En un instante comprendí que ya no era yo, aquella posesión me hacía sentir diferente. Sin inquietarme, aspiraba el maloliente aliento de la muerte que se escapa de un ser humano, justo antes de expirar asfixiado entre mis manos, pero no pude dejar de apretar su cuello, su piel se vuelve fría por la angustia, aunque sé que la marca de mis dedos dejará una huella indeleble, continúo apretando hasta el fin.

- Daniel, Daniel, ... has ganado el premio, Daniel.

La voz de la profesora me devolvió a la clase.

-Daniel, han premiado tu cuento, el que presentaste al concurso. Ha recibido el primer premio, resaltan sobre todo su realismo y su original estilo. A mí lo que me llamó la atención, en realidad, fue la anécdota de la calavera que aparece en el cuello de la chica asesinada. Como si el dedo meñique del asesino hubiera dejado una marca indeleble al estrangularla.

Inmediatamente oculté mi mano bajo la mesa y le di las gracias.

sábado, 31 de octubre de 2009

NOS ATREVEMOS A ESCRIBIR

Nos acercamos con inquietud a la página en blanco. Nos anima una primera pasión, pero nos paraliza la sensación repentina de que no tenemos nada que decir. Pues en esta ocasión te he facilitado la labor con una propuesta. El relato ya avanza inexorablemente hacia un fin, el que tú quieras darle. Prueba a conducir a mi personje hasta tu fantasía, cógelo de la mano con cuidado y atrévete a guiarlo hacia su desenlace.

LABORATORIO 1

En el oscuro corredor sólo atinaba a vislumbrar el cartel blanco incrustado en la antigua puerta de madera. Laboratorio 1, las letras aparecían desgastadas por las sucesivas generaciones de alumnos inquietos que transitaban por los pasillos de aquel centro. Ahora me envolvía la oscuridad, espesas nubes grises habían ahogado la luna llena, rodeado de un denso silencio, intuía que los planes de rodaje no iban a ser tan fáciles como decidimos en un principio.

Aún cuando mi confianza en conseguir un aprobado no era muy elevada, decidí en un segundo que aquel trabajo me convenía. La perspectiva de hurgar en los más recónditos recovecos del instituto a altas horas de la noche me atraía poderosamente. Así que cooperé hasta donde mi indolencia y hastío me lo permitieron en la producción de aquella historia de fantasmas. Las Leyendas de Bécquer nos sirvieron de inspiración para imaginar una romántica pareja de adolescentes rota de forma trágica por un accidente de tráfico. La joven enamorada sería interpretada por Mónica, orgullosa de tener el papel principal, mientras que el alocado chico que perdía la vida en un siniestro golpe del destino sería representado por mí, no por mis excelentes dotes artísticas sino porque era el único varón del grupo.
El encuentro entre la amada y el espectro de su pretendiente tendría lugar en el Laboratorio 1, porque allí se encontraba el esqueleto utilizado para ilustrar las clases de Ciencias de nuestro profesor favorito. A mí me impresionaba la forma en que Don Amadeo destripaba la lección más complicada en pequeñas y comprensibles explicaciones con una naturalidad impactante. De todas las asignaturas de bachillerato sólo la de él lograba traspasar la barrera de mi aburrimiento. Pero hasta en los mejores momentos me martilleaba en el cerebro la obsesión por mi fracaso, intentaba esforzarme por pensar en una solución a mi verdadero problema.
En la clase de francés de la semana pasada tuve que enfrentarme a las sugerencias de mis compañeras de grupo,pero triunfé, haríamos el corto como yo quería.
Todo aquel torbellino martilleaba mi cabeza cuando me dejaron solo en el pasillo. Recorrí la planta baja con solemnidad, el recogimiento se adivinaba en las tenebrosas sombras que se escondían tras las puertas de las aulas vacías.
Ascendí con cautela por el primer tramo de escalera, mi aliento me resultaba ajeno, a cada instante un escalofrío recorría mi espalda, la impresión de unos pasos leves que me seguían me paralizaba, mientras escrutaba las tinieblas que me rodeaban un chirrido sordo me hizo temblar.
Espanté la angustia pensando en que mi objetivo estaba cerca, mi respiración entrecortada me acompañó hasta el último escalón. Para tranquilizarme deslicé la yema de los dedos por la pared, un hálito frío me golpeó en el rostro al pisar el último peldaño, mi dedo meñique permanecía sobre el rugoso muro, cuando un crujido estridente atravesó el fúnebre silencio. Un hilillo de sudor descendía por mi espalda. Mi dedo había quedado hundido en una grieta de la pared, el pánico me inmovilizaba, notaba como el muro apretaba mi carne, la uña se curvaba bajo la presión, una fuerza descomunal absorbía mi sangre, al instante la horrible sensación había desaparecido.
Repuesto de la impresión anduve a tientas hasta la puerta del Laboratorio 1, el dedo latía, al parecer todo mi fluido sanguíneo se arremolinaba en mi mano, no la veía porque me cegaba la oscuridad, pero estaba seguro de que estaba tumefacta.
Las llaves temblaban en mi mano izquierda, después de varios intentos la puerta cedió, acostumbré mis ojos al entorno, un olor a podrido, penetrante y ácido me golpeó el cerebro. No pude aguantarlo, me tapé la nariz con la mano hinchada, al acercarla a mi rostro comprobé que la tenía inflamada, intenté mover el meñique, pero apenas conseguí que se curvara unos milímetros, una punzada de dolor me hizo desistir.
Al instante reaccioné, tenía que cumplir mi propósito, avancé hacia el fondo, el armario de puertas de aluminio blancas guardaba lo que yo ansiaba. Mis compañeras de grupo, ajenas a mis intenciones, continuaban rodando las escenas del cortometraje. Mientras me aproximaba un frío extraño me acariciaba la cara, la terrible certeza de que no estaba solo en aquella sala rondaba mi cabeza, sin permitirme un instante de distracción, me concentré en la cerradura del armario.
Al fin tras manipular el pasador la puerta cedió, apareció ante mí un agujero negro en el que aguardaba la meta de mi aventura nocturna.
Cuando tanteaba las baldas situadas a la derecha del hueco, una fuerza me hizo caer dentro del agujero, me golpeé con la pared, pero lo que realmente me asustó fue oír el ruido metálico de las hojas al cerrarse.

domingo, 25 de octubre de 2009

ESCRIBIR SOBRE TI MISMO

Una de las grandes tentaciones de los lectores es imaginar que lo fabulado por el narrador se corresponde con la vida y milagros del autor. Una de las respuestas más frecuentes , pronunciada en las entrevistas a escritores de renombre, es la negación de cualquier vinculación de la ficción con su propia realidad.
Ambas ideas son acertadas y verdaderas, es decir, nada de lo imaginado por el autor es real, pero es cierto que lo relatado por el narrador forma parte de lo vivido por el escritor. Aunque parezcan contradictorias estas afirmaciones se afianzan en la diferencia entre narrador y autor.
El escritor manipula lo recordado con la figura del narrador, éste es una extensión de su propia personalidad, mas no deja de ser una parte de él mismo, puesto que se alimenta de su memoria y de su fantasía.
Penetremos pues en nuestros recuerdos con la libertad de un niño que comienza a caminar, dejemos que las primeras emociones se hagan presentes y contaminen nuestros escritos.

lunes, 19 de octubre de 2009

ATRAPAR EL TIEMPO

Al escritor se le plantea la tarea de expresar el tiempo en su relato. No puede contar sin que aquello que sucede en su historia esté situado en un momento del devenir, la acción, la vida de sus personajes debe estar invariablemente sujeta a esa magnitud temporal.

Magníficos creadores de ficciones nos aletargan con un pausado y aburrido transcurso de la historia. El ritmo de una creación debe ser el adecuado, para cada escena hay un transcurrir determinado.

En el caso de que nuestro autor nos recargue sus textos con inacabables descripciones; el vaso, el agua, la mesilla, la lamparilla, el libro, la crema de manos, la medicina, el frasco,... ya no nos interesa qué ha ocurrido con el enfermo, me da igual que haya muerto o si permanece agonizando durante días.

La diferencia está en el tiempo, un segundo se hace eterno cuando el escritor no ha sabido encontrar el tempo, el ritmo de su historia, lo demás es el entorno, la creación, la magia, la fantasía.

Veamos pues si el escribiente tiene razón, pues todo varía si yo he vivido un segundo, una hora, un día o una eternidad.